Septiembre de 2004, 
para muchos, un año divino,                        
pues sonaban los motores, 
de los primeros TARTESSOS. 
 
Cuanta vida en sólo un nombre, 
cuanta pasión y delirio, 
cuantas noches sin dormir, 
cuanto calor, cuanto frío. 
 
Es difícil de explicar, 
hay que sentirlo, vivirlo, 
para en tu moto montar, 
y recorrer sin parar, 
tantos y tantos caminos. 
Desafiando a la vida, 
desafiando al peligro, 
desafiándolo todo,
hasta tu propio destino. 
       
Para llegar... 
para llegar a un lugar 
que le regala el suspiro,
del Guadalquivir
que sientes al despertar, 
por ver tu sueño cumplido. 
 
Tartessos,
casa de los moteros de Sanlúcar
que en este año espera ansiosa, 
y con los brazos abiertos, 
para envolverte en su magia, 
para cubrirte en su cielo, 
y para abrigarte en su encanto, 
con los susurros del Guadalquivir. 
 
Qué alegría se siente ahí 
y que ilusión para un motero 
el que pueda compartir, 
un cariño verdadero. 
Cariño por su afición, 
y de afición compañero, 
que acompaña a la amistad, 
que es amiga del motero. 
 
En fin, el tiempo pasará, 
y con el tiempo los años; 
y la lluvia, el calor, y el viento, 
y yo seguiré desafiando, 
porque sé, que he de morir, 
y afrontar mi destino, 
sabiendo que un día fui, 
más que motero, SANLUQUEÑO

 

 

 

 

 

 

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