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Septiembre de 2004, para muchos, un año divino, pues sonaban los motores, de los primeros TARTESSOS. Cuanta vida en sólo un nombre, cuanta pasión y delirio, cuantas noches sin dormir, cuanto calor, cuanto frío. Es difícil de explicar, hay que sentirlo, vivirlo, para en tu moto montar, y recorrer sin parar, tantos y tantos caminos. Desafiando a la vida, desafiando al peligro, desafiándolo todo, hasta tu propio destino. Para llegar... para llegar a un lugar que le regala el suspiro, del Guadalquivir que sientes al despertar, por ver tu sueño cumplido. Tartessos, casa de los moteros de Sanlúcar que en este año espera ansiosa, y con los brazos abiertos, para envolverte en su magia, para cubrirte en su cielo, y para abrigarte en su encanto, con los susurros del Guadalquivir. Qué alegría se siente ahí y que ilusión para un motero el que pueda compartir, un cariño verdadero. Cariño por su afición, y de afición compañero, que acompaña a la amistad, que es amiga del motero. En fin, el tiempo pasará, y con el tiempo los años; y la lluvia, el calor, y el viento, y yo seguiré desafiando, porque sé, que he de morir, y afrontar mi destino, sabiendo que un día fui, más que motero, SANLUQUEÑO |

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